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Capítulos de libros «La Segunda Epístola de Pedro»
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  • Simón, el nombre anterior de Pedro, se refiere a su viejo hombre por nacimiento; Pedro, el nuevo nombre que el Señor le dio (Jn. 1:41-42), se refiere a su nuevo hombre por regeneración. Aquí ambos nombres están combinados en uno solo, lo cual significa que el viejo hombre Simón había llegado a ser el nuevo hombre Pedro.

  • Esclavo indica la sumisión de Pedro al Señor, y apóstol, la comisión que el Señor le dio.

  • Se refiere a los creyentes judíos dispersos por el mundo gentil (1 P. 1:1).

  • De la misma manera en que a los hijos de Israel se les asignó una porción de la buena tierra (Jos. 13:6; 14:1-5; 19:51). Esto implica que “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” (v. 3), constituyen la verdadera herencia que Dios les da a los creyentes en el Nuevo Testamento; entre ellas se incluye la naturaleza divina (v. 4) de la que participan los creyentes por medio de la fe igualmente preciosa conforme a las preciosas y grandísimas promesas.

  • En la esfera de.

  • Nuestro Dios es justo. Mediante Su justicia, Él asignó la fe preciosa como porción divina equitativamente a todos los que creen en Cristo, tanto judíos como gentiles, sin acepción de personas. Ahora no es solamente nuestro Dios sino también nuestro Salvador. Así que ahora Su justicia no es solamente la justicia de Dios o de Cristo, sino la justicia de nuestro Dios y de nuestro Salvador, Jesucristo. Dado que el Señor es nuestro Salvador, Su justicia representa Su acto justo, Su muerte en la cruz en absoluta obediencia (Fil. 2:8), por la cual efectuó nuestra redención (He. 9:12), haciendo posible que Dios nos justifique (Ro. 5:18). Puesto que el Señor es nuestro Dios, Su justicia es Su equidad, ya que, con base en la acción justa, la cual es la redención de nuestro Salvador Jesucristo (Ro. 3:24-25), Él justifica a todos los que creen en Cristo (Ro. 3:26), tanto judíos como gentiles (Ro. 3:30). En esta justicia doble y por medio de esta justicia doble —la justicia tanto de nuestro Dios como de nuestro Salvador Jesucristo— nos fue asignada por igual a todos los creyentes de todas las naciones la fe preciosa que da sustantividad a la bendición del Nuevo Testamento.

  • Jesucristo es nuestro Dios y también nuestro Salvador. Esto indica que Jesucristo es Dios mismo, quien es nuestro Salvador. Él es Dios, a quien adoramos, y Él mismo llegó a ser nuestro Salvador para salvarnos. En los tiempos de Pedro, esto denotaba a los creyentes de Cristo y los separaba de los judíos, quienes no creían que Jesucristo era Dios, y de los romanos, quienes tampoco creían que Jesucristo era Dios, sino que el césar lo era.

  • La fe es lo que da sustantividad a la verdad (He. 11:1), la cual es la realidad del contenido de la economía neotestamentaria de Dios. El contenido de la economía neotestamentaria de Dios se compone de “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” (v. 3), es decir, del Dios Triuno que se imparte a nosotros internamente como vida y externamente como piedad (véanse los puntos 1, 2, 4 y 5 así como el último párrafo de la nota 1 de 1 Ti. 1). La fe igualmente preciosa, que Dios nos asignó por medio de la palabra de Su economía neotestamentaria y del Espíritu, responde a la realidad de tal contenido y nos introduce en la realidad, haciendo de su sustancia el elemento mismo de nuestra vida y nuestra experiencia cristianas. Tal fe les es asignada como porción a todos los que creen en Cristo, y es igualmente preciosa para todos los que la han recibido. Como tal porción, esta fe es objetiva para nosotros en la verdad divina. Sin embargo, introduce en nosotros todo el contenido de aquello a lo cual la fe ha dado sustantividad, haciendo así que este contenido, junto con la fe misma, sean subjetivos para nosotros en nuestra experiencia. Esto puede compararse con el paisaje (la verdad) y la acción de ver (la fe), los cuales son objetivos para la cámara (nosotros). Pero cuando la luz (el Espíritu) imprime el paisaje a la película (nuestro espíritu) que está dentro de la cámara, tanto la acción de ver como el paisaje mismo llegan a ser subjetivos para la cámara.

  • La palabra griega significa de igual valor u honra; por lo tanto, igualmente preciosa. No significa que todos reciban la misma medida de fe, sino una fe de igual valor y honra.

  • Se refiere al apóstol Pedro y a los demás creyentes de la tierra judía. Todos los creyentes del mundo gentil participan de la misma fe preciosa junto con todos los de la tierra judía. Esta fe les capacita para dar sustantividad a la bendición de vida del Nuevo Testamento como porción común que Dios les asignó.

  • O, gracia a vosotros y paz os sea multiplicada.

  • La gracia y la paz vinieron a nosotros mediante la fe que Dios nos asignó, la cual da sustantividad a la bendición de vida del Nuevo Testamento (v. 1). Esta fe nos fue infundida por medio de la palabra de Dios, la cual nos transmite el verdadero conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor. En la esfera del pleno conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor, y por medio de este conocimiento que aumenta y ha aumentado, la gracia y la paz que hemos recibido serán multiplicadas.

  • En la esfera de, por medio de.

  • Se refiere a un conocimiento cabal adquirido por experiencia. El conocimiento pleno del Dios Triuno tiene como fin que participemos y disfrutemos de Su vida y Su naturaleza divinas. Está en contraste con el conocimiento aniquilador de la lógica de la filosofía humana, la cual había invadido a la iglesia que estaba en apostasía.

  • Algunos mss. dicen: Jesucristo nuestro Señor.

  • El capítulo dos muestra que esta epístola, tal como 2 Timoteo, 2 Juan, 3 Juan y Judas, fue escrita en los tiempos de la degradación y apostasía de la iglesia. Por consiguiente, la apostasía es el contexto en que se escribió este libro. La carga del escritor era inocular en los creyentes el antídoto contra el veneno de la apostasía. La obra salvadora de Dios consiste en que Él mismo se imparte en Su Trinidad a los creyentes a fin de ser la vida y la provisión de vida para ellos. En esto consiste la economía de Dios, el plan de Dios. La apostasía distrajo de la economía de Dios a los creyentes llevándolos a la lógica humana de filosofías confusas. Esto no los condujo a participar del árbol de la vida, el cual da vida, sino a participar del árbol del conocimiento, el cual produce muerte (Gn. 2:9, 16-17). Fue así también como la serpiente engañó y sedujo a Eva (Gn. 3:1-6). A fin de tomar medidas contra este veneno mortal, el apóstol en su epístola sanadora primero recetó el poder divino como el antídoto más fuerte y más eficaz. Esto les provee a los creyentes todas las cosas que pertenecen a la vida divina que genera y suministra (no el conocimiento que mata) y a la piedad que expresa a Dios (no la demostración de la sabiduría humana). Esta rica provisión divina, de la cual se habla detalladamente en los versículos siguientes (hasta el v. 11), es más que suficiente para dar a los creyentes la capacidad de llevar una vida cristiana adecuada y de vencer la apostasía satánica.

    Divino denota la divinidad eterna, ilimitada y todopoderosa de Dios. Por tanto, el poder divino es el poder de la vida divina, la cual está relacionada con la naturaleza divina.

  • Es decir, impartido, infundido y plantado en nosotros por el Espíritu vivificante y todo-inclusivo, quien nos regenera y mora en nosotros (2 Co. 3:6, 17; Jn. 3:6; Ro. 8:11).

  • “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” componen los varios aspectos de la vida divina, tipificados por las riquezas del fruto de la buena tierra en el Antiguo Testamento. Estas cosas son aquello a lo cual da sustantividad la fe que Dios nos asignó como porción para que sea nuestra herencia.

  • La vida está dentro de nosotros y nos capacita para vivir, mientras que la piedad está por fuera como la expresión externa de la vida interior. La vida es la energía, la fortaleza interna, para producir la piedad externa, la cual lleva a la gloria y produce gloria.

  • Véase la nota 2 de 1 Ti. 2.

  • Se nos imparte todas las cosas que pertenecen a la vida mediante el pleno conocimiento de Dios, el cual nos es transmitido y revelado por Su palabra. Esto viene a ser la fe (objetiva) en la cual nuestra fe (subjetiva) es producida.

  • Se refiere a un conocimiento cabal conforme a la experiencia.

  • Se refiere a Dios, quien es nuestro Salvador y Señor Jesucristo (vs. 1-2). Él nos llamó a Su gloria y virtud por medio de Su gloria y virtud. Sus discípulos vieron Su gloria y virtud (v. 16; Jn. 1:14) y fueron atraídos por las mismas. Luego, por esta gloria y virtud, Él los llamó a esta gloria y virtud. Lo mismo ocurre con todos los que creen en Cristo.

  • O, a.

  • Es decir, la expresión de Dios, Dios expresado en esplendor.

  • Lit., excelencia (véase la nota 8 de Fil. 4), la cual denota la energía de vida que nos capacita para vencer todo obstáculo y para exhibir en nuestro vivir todos los atributos excelentes. La gloria es la meta divina; la virtud es la energía y la fuerza de vida que nos capacita para alcanzar la meta. Esta virtud, junto con todas las cosas que pertenecen a la vida, nos ha sido dada por el poder divino, pero necesita ser desarrollada en el camino a la gloria.

  • O, por causa de, con base en. La palabra griega tiene un sentido instrumental, pero aquí también denota causa.

  • Se refiere a la gloria y la virtud mencionadas en el v. 3. Por medio de la gloria y la virtud del Señor y con base en las mismas, por las cuales y a las cuales hemos sido llamados, Él nos ha concedido Sus preciosas y grandísimas promesas, como las de Mt. 28:20; Jn. 6:57; 7:38-39; 10:28-29; 14:19-20, 23; 15:5 y 16:13-15. Todas estas promesas son cumplidas en Sus creyentes por Su poder de vida, que es la virtud excelente, y para Su gloria.

  • Lit., las más grandes de todas.

  • Por medio de las preciosas y grandísimas promesas nosotros, los creyentes en Cristo, quien es nuestro Dios y Salvador, hemos llegado a ser participantes de Su naturaleza divina en una unión orgánica con Él, a la cual hemos entrado mediante la fe y el bautismo (Jn. 3:15; Gá. 3:27; Mt. 28:19). La virtud (energía de vida) de esta naturaleza divina nos introduce en Su gloria (la piedad como la expresión plena del Dios Triuno).

  • El apóstol en su primera epístola les dijo a los creyentes que Cristo los había redimido de su vana manera de vivir (1 P. 1:18-19), y que por eso ellos debían abstenerse de los deseos carnales (1 P. 2:11) y ya no vivir en la carne, en las concupiscencias de los hombres (1 P. 4:2). Ahora en su segunda epístola les revela la energía, la fortaleza, que les da la capacidad de escapar de la corrupción de la concupiscencia, así como el resultado de tal escape. La energía es la virtud de la vida divina, y el resultado consiste en que los creyentes participan de la naturaleza divina de Dios y así disfrutan de todas las riquezas de lo que es el Dios Triuno. Al participar nosotros de la naturaleza divina y al disfrutar de todo lo que Dios es, todas las riquezas de la naturaleza divina serán totalmente desarrolladas, como se describe en los vs. 5-7. Habiendo escapado de la corrupción de la concupiscencia que predomina en el mundo y habiendo así eliminado lo que impedía el crecimiento de la vida divina en nosotros, somos librados para ser participantes de la naturaleza divina y para disfrutar al máximo sus riquezas al desarrollarse ella por la virtud de Dios que nos lleva a Su gloria.

  • Véase la nota 1, punto 3, del cap. 2.

  • O, en.

  • Lit., introduciendo al lado. Al costado de, junto con, las preciosas y grandísimas promesas que Dios nos ha dado, debemos poner toda diligencia en cooperar con la dinámica naturaleza divina que nos capacita para llevar a cabo las promesas de Dios.

  • Lit., suministrad. Véase la nota 19 de Fil. 1. Lo que el poder divino nos ha dado en los vs. 3-4 se desarrolla en los vs. 5-7. Desarrollar la virtud en la fe significa desarrollar la virtud en el ejercicio de la fe. Lo mismo se aplica a todos los demás aspectos.

  • Ésta es la fe igualmente preciosa que Dios nos asignó (v. 1 ) como porción común de la bendición de vida del Nuevo Testamento para el inicio de la vida cristiana. Es necesario ejercitar esta fe para que la virtud de la vida divina sea desarrollada en los pasos subsiguientes y llegue a la madurez.

  • Lit., excelencia (véase la nota 8 de Fil. 4); denota la energía de la vida divina, la cual produce una acción vigorosa (cfr. nota 3).

  • La virtud, la acción vigorosa, necesita la provisión abundante del conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor (vs. 2-3, 8) con respecto a todas las cosas que se relacionan con la vida divina y la piedad y con el hecho de ser participantes de la naturaleza divina (vs. 3-4) para nuestro disfrute en el desarrollo subsiguiente.

  • O, templanza; significa ejercer control y restricción sobre uno mismo en relación con nuestras pasiones, deseos y hábitos. Esto debe ser provisto y desarrollado en el conocimiento para el debido crecimiento en vida.

  • El dominio propio se ejerce para con uno mismo; la perseverancia consiste en sobrellevar a otros y nuestras circunstancias.

  • Llevar una vida que es como Dios y que expresa a Dios. Mientras ejercemos control sobre nosotros mismos y sobrellevamos a otros y nuestras circunstancias, es necesario que en nuestra vida espiritual se desarrolle la piedad para que seamos como Dios y le expresemos.

  • La palabra griega se compone de sentir afecto y hermano; por lo tanto, un afecto fraternal, un amor caracterizado por deleite y placer. En la piedad, que es la expresión de Dios, es necesario que este amor sea suministrado por el bien de la hermandad (1 P. 2:17; 3:8; Gá. 6:10), por causa de nuestro testimonio ante el mundo (Jn. 13:34-35 ) y para que llevemos fruto (Jn. 15:16-17).

  • Esta palabra griega en el Nuevo Testamento significa amor divino, el cual es Dios en Su naturaleza (1 Jn. 4:8, 16). Es un amor más noble que el amor humano y adorna todas las cualidades de la vida cristiana (1 Co. 13; Ro. 13:8-10; Gá. 5:13-14). Es más fuerte en su habilidad y de mayor capacidad que el amor humano (Mt. 5:44, 46), aun así un creyente que viva por la vida divina (v. 3) y participe de la naturaleza divina (v. 4) puede ser saturado de dicho amor y expresarlo en plenitud. Es necesario que tal amor sea desarrollado en el afecto fraternal para gobernarlo y fluir en él a fin de que Dios, quien es este amor, sea expresado plenamente. Puede considerarse que la fe es la simiente de vida y que este amor más noble es el fruto (v. 8) en su desarrollo pleno. Los seis pasos intermedios de desarrollo son las etapas de su crecimiento hacia la madurez.

  • Todas las virtudes enumeradas en los vs. 5-7, desde la fe hasta el amor.

  • La palabra griega denota que ciertas cosas existen en una persona y le pertenecen desde el principio, llegando a ser de este modo su legítima posesión hasta el presente. Esto indica que todas las virtudes antes mencionadas son posesión de los creyentes y están en ellos para siempre por medio de la experiencia que tienen al participar de la naturaleza divina en todas sus riquezas.

  • Las virtudes divinas no solamente están presentes en los creyentes y son su posesión personal, sino que también abundan y se multiplican en ellos mientras la vida divina se desarrolla y crece en su ser.

  • Lit., constituirán. Esto indica que las virtudes de la vida divina y de la naturaleza divina son los elementos constitutivos de nuestra constitución espiritual, es decir, de nuestro ser espiritual, los cuales nos hacen personas que no tienen los elementos de la ociosidad ni la esterilidad.

  • Lit., sin trabajar; por eso, ocioso. Es posible que alguien no esté ocioso pero, aun así, carezca de fruto. Ser fructífero requiere más crecimiento en vida y más suministro de vida. La ociosidad y la esterilidad son elementos constitutivos de nuestro ser caído; el trabajar, la energía de la vida y ser fructíferos son elementos constitutivos de nuestro ser que crece en la vida divina.

  • Esto indica que lo abarcado en los vs. 5-7 representa el desarrollo y el crecimiento de la vida divina hasta llegar a la madurez.

  • La constitución de nuestro ser formada por las virtudes espirituales avanza mediante muchos pasos hacia el pleno conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, con miras a la plena comprensión de la realidad de la corporificación todo-inclusiva del Dios Triuno. En este pasaje de la Palabra, se usan tres preposiciones que denotan la relación que existe entre la experiencia de vida y el conocimiento espiritual: en, del v. 2, se refiere a la esfera del conocimiento; mediante, del v. 3, se refiere al canal del conocimiento; y para, del v. 8, se refiere a tener el conocimiento como meta.

  • Véase la nota 2.

  • Véase la nota 8.

  • La raíz de esta palabra significa cerrar los ojos (a causa de una luz intensa); por tanto, significa ser corto de vista. Así que, tener la vista muy corta equivale a ser espiritualmente ciego, incapaz de ver mas allá en cuanto concierne a la vida divina y la naturaleza divina del Dios Triuno impartida a los creyentes como su abundante suministro.

  • En el griego la frase tiene el sentido de estar dispuestos a olvidar, es decir, dispuestos a olvidar la experiencia de la purificación de nuestros antiguos pecados. Esta purificación se efectuó para que pudiéramos avanzar en la vida divina al participar de la naturaleza divina a fin de alcanzar la madurez de vida. Esto no significa negar la fiel profesión que hicimos cuando creímos en Cristo y fuimos bautizados en Él, ni tampoco que perdamos la certeza de la salvación que recibimos en ese momento, sino que se refiere a descuidar lo que el comienzo de la salvación significó para nosotros.

  • O, Por lo cual más bien, hermanos, sed diligentes…

  • Es decir, desarrollar las virtudes espirituales en la vida divina, avanzar en el crecimiento de la vida divina. Esto hace firme nuestra vocación y elección.

  • Véase la nota 8.

  • El suministro abundante que disfrutamos en el desarrollo de la vida y naturaleza divinas (vs. 3-7) nos suministrará rica y abundante entrada en el reino eterno de nuestro Señor. Este suministro nos capacitará y hará aptos para entrar en el reino venidero mediante todas las riquezas de la vida divina y de la naturaleza divina como nuestras virtudes excelentes (nuestra energía) para la espléndida gloria de Dios. Esto no significa simplemente ser salvo, sino procurar, después de ser salvo, el crecimiento y la madurez en la vida divina para así recibir la recompensa del reino. Véase la nota 28 de He. 12.

  • Se refiere al reino de Dios, que le fue entregado a nuestro Señor y Salvador Jesucristo (Dn. 7:13-14), y que será manifestado a Su regreso (Lc. 19:11-12). Será una recompensa para Sus creyentes fieles, que procuran el crecimiento en Su vida hasta llegar a la madurez y el desarrollo de las virtudes de Su naturaleza a fin de participar de Su reinado en la gloria de Dios en el milenio (2 Ti. 2:12; Ap. 20:4, 6). Entrar de esta manera en el reino eterno del Señor está relacionado con entrar en la gloria eterna de Dios, a la cual Dios nos llamó en Cristo (1 P. 5:10; 1 Ts. 2:12 y las notas 2 y 3).

  • Es decir, la verdad que está presente entre los creyentes, la cual han recibido y poseen ahora. En la primera sección de este capítulo, los vs. 3-11, la provisión de la vida divina para la vida cristiana adecuada es usada por Pedro para vacunar a los creyentes contra la apostasía. En la segunda sección, los vs. 12-21, usa la revelación de la verdad divina, el segundo antídoto, para vacunarles contra la herejía de la apostasía, una herejía similar al modernismo de hoy. La provisión de vida y la revelación de la verdad son los antídotos que Pedro usa al hacer frente a la apostasía.

  • El cuerpo temporal (2 Co. 5:1).

  • Es decir, abandonar el cuerpo, despojarse de él (2 Co. 5:4), dejarlo, morir físicamente. Pedro, tal como Pablo (2 Ti. 4:6), sabía que dejaría el mundo mediante el martirio, y ya estaba listo para ello.

  • Pedro recordaba lo que el Señor le había dicho acerca de su muerte cuando le mandó que apacentara a Sus ovejas (Jn. 21:15-19).

  • Se refiere a dejar el mundo. La misma palabra se usa en Lc. 9:31.

  • 2 P. 3:4; Mt. 24:3y la nota 3

    La palabra griega significa presencia.

  • Lit., siguiendo hasta el fin.

  • 1 Ti. 1:4y la nota 1; Tit. 1:14

    Los mitos eran historias supersticiosas astutamente tramadas en la filosofía griega, la cual estaba relacionada con la apostasía.

  • “‘Admitidos en la visión inmediata de la gloria’, una palabra que denota la iniciación plena en los misterios” (Darby). Pedro comprendía que él, Jacobo y Juan habían sido admitidos en el grado más alto de iniciación cuando el Señor se transfiguró, admitidos para ser iniciados como espectadores de la majestad del Señor. Él consideró, al igual que el Señor en Lc. 9:26-36, que la transfiguración era una figura de la segunda venida del Señor. La transfiguración del Señor en gloria fue un evento histórico, y él estuvo presente. La venida del Señor en gloria será un evento tan real como la transfiguración del Señor, y él también estará allí. Esto no era un mito hábilmente fraguado que los apóstoles narraran a los creyentes.

  • Es decir, magnificencia, grandeza en esplendor, honra y gloria, una gloria magnífica (v. 17), como la que apareció ante los ojos de Pedro y de los otros dos discípulos cuando el Señor se transfiguró (Mt. 17:1-2; Lc. 9:32).

  • Lit., traída o llevada. Así también en los vs. 18 y 21.

  • La nube que los cubría cuando el Señor se transfiguró (Lc. 9:34-35), como la gloria shekinah que cubría la cubierta expiatoria (Éx. 25:20; 40:34).

  • También denota que además de la verdad de la transfiguración del Señor, abarcada en los versículos anteriores como una vacuna contra los mitos supersticiosos, la verdad de la palabra profética es usada como una confirmación más segura.

  • Pedro compara la palabra de la profecía en las Escrituras con una lámpara que alumbra en lugar oscuro, lo cual indica que: (1) esta era es un lugar oscuro en medio de una noche oscura (Ro. 13:12), y todos los habitantes de este mundo se conducen y actúan en tinieblas y (2) la palabra profética de las Escrituras, como lámpara que ilumina a los creyentes, transmite una luz espiritual que resplandece en las tinieblas que los rodean (no como mero conocimiento en la letra que ellos deban aprender), guiándolos para que entren en un día brillante, y puedan pasar por la noche oscura hasta que esclarezca el día de la manifestación del Señor. Antes que el Señor aparezca como luz del día, necesitamos que esta palabra sea la luz que alumbre nuestros pasos.

  • O, lugar sombrío, un lugar sórdido, seco y abandonado. Ésta es una metáfora que denota las tinieblas de la apostasía.

  • Una metáfora tocante a un tiempo venidero lleno de luz, como el amanecer de un día brillante con la estrella de la mañana que surge antes del alba, en los corazones de los creyentes, quienes son iluminados y alumbrados al estar atentos a la resplandeciente palabra profética de las Escrituras. En tiempos de apostasía, los creyentes hacen bien en estar atentos a este asunto para que la palabra profética, como una lámpara, resplandezca en las tinieblas de la apostasía hasta que aquel día amanezca en ellos. Esto los motivará y alentará a buscar diligentemente la presencia del Señor y a velar de tal modo que no pierdan la oportunidad de encontrarse con el Señor en la parte secreta de Su venida (Su parusía), cuando Él vendrá como ladrón (véanse las notas 27 de Mt. 24 y 8 de 2 Ts. 2). Por tanto, esta metáfora debe aludir a la era venidera, la era del reino, un día que amanecerá cuando ocurra la manifestación (la venida) del Señor (v. 16) como el Sol de justicia (Mal. 4:2), cuya luz resplandecerá penetrando las penumbras de la noche oscura de esta era. Antes de esto, en la hora más oscura de la noche, el Señor aparecerá como la estrella de la mañana (Ap. 2:28; 22:16) a aquellos que velan y esperan Su querida aparición (2 Ti. 4:8). Ellos habrán sido iluminados por el resplandor de la palabra profética, la cual los llevará al amanecer del nuevo día.

    Si estamos atentos a lo que dice la Biblia, lo cual resplandece como lámpara en lugar oscuro, Él se levantará en nuestros corazones para resplandecer en las tinieblas de la apostasía donde estamos hoy, antes de Su verdadera manifestación como la estrella de la mañana.

  • Lit., aflojamiento, desatadura; por consiguiente, despliegue, explicación, exposición. Interpretación privada se refiere a la explicación o exposición personal del profeta o del escritor, la cual no sería inspirada por Dios mediante el Espíritu Santo. Aquí el pensamiento consiste en que ninguna profecía de la Escritura surge del propio concepto, idea o entendimiento del profeta o del escritor; ninguna profecía procede del hombre como su fuente; ninguna profecía se origina en el pensamiento privado y personal de un profeta o escritor. Esto lo confirma y lo explica el versículo siguiente.

  • Se refiere al profeta que habló la profecía o al escritor que la redactó.

  • Porque sirve para introducir una explicación del versículo precedente. Ninguna profecía de la Escritura es producto de la interpretación del profeta o del escritor, porque ninguna profecía fue traída por voluntad humana. Por el contrario, los hombres hablaron de parte de Dios siendo movidos por el Espíritu Santo.

  • En el griego la misma palabra es usada en los vs. 17, 18. Ninguna profecía fue traída por voluntad humana. La voluntad, el deseo y el anhelo del hombre, con su pensamiento e interpretación, no fueron la fuente de la cual surgiera profecía alguna; la fuente fue Dios, por cuyo Espíritu Santo los hombres fueron movidos, tal como un barco es empujado por el viento, para proclamar la voluntad, el deseo y el anhelo de Dios.

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