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Capítulos de libros «El Evangelio de Marcos»
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  • Este evangelio fue escrito por Marcos, quien también se llamaba Juan (Hch. 12:25), el cual era hijo de una de las Marías (la cual conocía muy bien al apóstol Pedro en la iglesia en Jerusalén, Hch. 12:12) y primo de Bernabé (Col. 4:10). Acompañó a Bernabé y a Saulo en el ministerio de ellos (Hch. 12:25) y se unió a Pablo en el primer viaje de su ministerio a los gentiles; pero, en Perge abandonó a Pablo y se regresó (Hch. 13:13). Debido a esto, Pablo no quiso llevarlo en su segundo viaje. Desde ese tiempo Bernabé se apartó de Pablo y entonces Marcos se unió a Bernabé en su obra (Hch. 15:36-40). Sin embargo, Marcos mantuvo una relación muy íntima con Pablo en los últimos años del apóstol (Col. 4:10; Flm. 24) y le fue útil en su ministerio hasta que éste murió como mártir (2 Ti. 4:11). Marcos también mantuvo una estrecha relación con Pedro y probablemente estaba con él continuamente, como se ve en el hecho de que Pedro lo consideraba su hijo (1 P. 5:13). Desde los primeros días de la iglesia, el Evangelio de Marcos ha sido considerado la crónica de la narración oral de Pedro, quien acompañó al Salvador en Su servicio evangélico de principio (vs. 16-18) a fin (14:54, 66-72). En este evangelio la narración transcurre en orden cronológico y se dan más detalles con respecto a los hechos históricos que en los otros Evangelios. El resumen de todo el evangelio está en lo dicho por Pedro en Hch. 10:36-42.

    Juan nos presenta al Dios-Salvador y da énfasis a la deidad del Salvador en Su humanidad. Mateo presenta al Salvador-Rey; Marcos, al Salvador-Esclavo; y Lucas, al Salvador-Hombre. Mateo, Marcos y Lucas son Evangelios sinópticos en el sentido de que describen la humanidad del Salvador en varios aspectos y también Su deidad. Puesto que Marcos presenta al Salvador como esclavo, no menciona Su genealogía ni Su rango, porque el linaje de un esclavo no es digno de atención. Además, en contraste con Mateo, quien nos presenta las maravillosas enseñanzas y parábolas del Salvador acerca del reino celestial, y a diferencia de Juan, quien nos presenta las profundas revelaciones del Salvador con respecto a las verdades divinas, la intención de Marcos no es impresionarnos con las maravillosas palabras del Esclavo sino con Sus excelentes acciones en Su servicio evangélico. El Evangelio de Marcos da más detalles que los otros Evangelios, a fin de describir la diligencia, fidelidad y otras virtudes del Salvador-Esclavo, las cuales se manifestaban en el servicio que como Salvador rindió a los pecadores de parte de Dios. En el Evangelio de Marcos se ve el cumplimiento de las profecías acerca de Cristo como Esclavo de Jehová hechas en Is. 42:1-4, 6-7; 49:5-7; 50:4-7; 52:13—53:12, y se ven también los detalles de la enseñanza acerca de Cristo como el Esclavo de Dios dada en Fil. 2:5-11. Su diligencia al laborar, Su necesidad de alimento y reposo (3:20-21; 6:31), Su ira (3:5), Su gemir (7:34) y Su afecto (10:21), exhiben de una manera hermosa Su humanidad en la virtud y perfección de la misma, mientras que Su señorío (2:28), Su omnisciencia (2:8), Su poder milagroso y Su autoridad para echar fuera demonios (v. 27; 3:15), perdonar pecados (2:7, 10), y callar al viento y el mar (4:39), manifiestan plenamente Su deidad en la gloria y honra de la misma. ¡Qué Esclavo de Dios! ¡Cuán hermoso y admirable es Él! Tal Esclavo sirvió a los pecadores como Salvador-Esclavo, dando Su vida en rescate por ellos (10:45), para el cumplimiento del propósito eterno de Dios, de quien Él era Esclavo.

  • Es decir, las buenas noticias, las buenas nuevas (Ro. 10:15). El evangelio es el servicio (el ministerio) del Salvador-Esclavo, como Esclavo de Dios que sirve a Su pueblo. El libro de Mateo empieza con la genealogía real de Cristo el Rey (Mt. 1:1-17); Lucas, con la genealogía humana del hombre Jesús (Lc. 3:23-38); y Juan, con el origen eterno del Hijo de Dios (Jn. 1:1-2); mientras que el libro de Marcos no empieza con el origen de Su persona, sino con los orígenes del evangelio, el servicio de Jesús como humilde Esclavo de Dios (Fil. 2:7; Mt. 20:27-28). Por lo general, lo notable de un esclavo es su servicio, no su persona. Véase la nota 1 de Mt. 1.

  • Este evangelio es una biografía del Salvador-Esclavo, quien era Dios encarnado como Esclavo para salvar a los pecadores. Este título compuesto Jesucristo indica Su humanidad, e Hijo de Dios, Su deidad; ambas fueron adecuadamente manifestadas por Sus virtudes humanas y Sus atributos divinos en Su ministerio y mover para Su servicio evangélico, según consta en este Evangelio.

  • Algunos mss. omiten: Hijo de Dios.

  • El comienzo del evangelio del Salvador-Esclavo concuerda con lo escrito en Isaías con respecto al ministerio de Juan el Bautista. Esto indica que la predicación de Juan acerca del bautismo de arrepentimiento también formaba parte del evangelio de Jesucristo. Puso fin a la dispensación de la ley y la reemplazó con la dispensación de la gracia. Así que, la dispensación de la gracia comenzó con el ministerio de Juan antes que comenzara el ministerio del Salvador-Esclavo.

  • Jehová de los ejércitos (Mal. 3:1).

  • La misma palabra griega que se traduce ángel. Así también en Ap. 1:20.

  • La faz de Jesucristo.

  • Lit., dispondrá. La predicación del bautismo de arrepentimiento (v. 4) preparó el terreno para que el Salvador-Esclavo viniera a los pecadores (Lc. 1:76).

  • El ministerio del evangelio del Salvador-Esclavo comenzó con una sola voz, y no con un gran movimiento.

  • La predicación del evangelio del Salvador-Esclavo no comenzó en un centro de civilización, sino en el desierto, lejos de la influencia de la cultura humana. Véanse las notas 3 y 1 de Mt. 3.

  • Lit., Haced que esté listo. Preparar el camino del Señor es hacer que la gente cambie su manera de pensar, que vuelva su mente hacia el Salvador-Esclavo, y también es hacer recto el corazón de ellos, enderezando cada parte de su corazón por medio del arrepentimiento, para que el Salvador-Esclavo pueda entrar en ellos a fin de ser su vida y poseerlos (Lc. 1:17).

  • Juan era sacerdote por nacimiento (Lc. 1:8-13, 57-63); por lo tanto, él debía llevar una vida sacerdotal en el templo, desempeñando el servicio sacerdotal. No obstante, salió al desierto y predicaba el evangelio. Esto indica que la era del sacerdocio, en la cual se ofrecían sacrificios a Dios, había sido reemplazada por la era del evangelio, en la cual los pecadores son traídos a Dios a fin de que Dios obtenga a los pecadores y los pecadores obtengan a Dios.

  • El arrepentimiento es un cambio en la manera de pensar, es volver la mente al Salvador-Esclavo. El bautismo es la sepultura de las personas arrepentidas; en el bautismo se les da fin para que el Salvador-Esclavo las haga germinar por medio de la regeneración (Jn. 3:3, 5-6).

  • El propósito y el resultado del arrepentimiento con el bautismo es el perdón de pecados, lo cual quita el obstáculo producido por la caída del hombre y reconcilia a éste con Dios.

  • Una región en la que se hallaba la ciudad santa, el templo santo y la cultura más elevada; por lo tanto, una región ilustre.

  • Cuando la gente se arrepentía por la predicación de Juan, éste los sumergía en el agua de muerte para sepultarlos, ponerles fin y, así, prepararlos para ser resucitados por el Salvador-Esclavo, quien los haría germinar con el Espíritu Santo al confesar ellos sus pecados. Véase la nota 6 de Mt. 3.

  • Véase la nota 6 de Mt. 3.

  • La manera en que Juan vivía indica que su vida y su obra se llevaron a cabo completamente en la nueva dispensación y que no correspondían a la vieja religión, cultura ni tradición. Véase la nota 4 de Mt. 3.

  • Aunque Juan predicaba un bautismo de arrepentimiento, la meta de su ministerio era una persona maravillosa, Jesucristo, el Hijo de Dios. Juan no se hizo a sí mismo el centro de su ministerio, como si fuera un imán que atrajera a otros a sí mismo. Él comprendió que sólo era un mensajero enviado por Jehová de los ejércitos para traer a la gente al Hijo de Dios, Jesucristo, y para exaltarlo como la meta de su ministerio.

  • El agua representa la muerte y la sepultura, cuyo propósito es darle fin al pueblo arrepentido; el Espíritu Santo es el Espíritu de vida y resurrección cuyo fin es hacer germinar al pueblo aniquilado. El agua era señal del ministerio de arrepentimiento llevado a cabo por Juan; el Espíritu Santo era señal del ministerio de vida llevado a cabo por el Salvador-Esclavo. Juan sepultaba a las personas arrepentidas poniéndolas en las aguas de la muerte; el Salvador-Esclavo las resucitaba para regenerarlas en el Espíritu de Su vida de resurrección. Las aguas de la muerte, las cuales representan la muerte todo-inclusiva de Cristo en la cual Sus creyentes son bautizados (Ro. 6:3), no sólo sepultaban a las personas bautizadas sino también sus pecados, el mundo, su vida pasada y su historia (tal como el mar Rojo sepultó a Faraón y al ejército egipcio por el bien de los hijos de Israel, Éx. 14:26-28; 1 Co. 10:2). También las separaron del mundo corrupto que había abandonado a Dios (tal como el diluvio lo hizo con Noé y su familia, 1 P. 3:20-21). El Espíritu Santo, en quien el Salvador-Esclavo bautizaba a los que creían en Él, es el Espíritu de Cristo y el Espíritu de Dios (Ro. 8:9). Así que, ser bautizado en el Espíritu Santo es ser bautizado en Cristo (Gá. 3:27; Ro. 6:3), en el Dios Triuno (Mt. 28:19) y en el Cuerpo de Cristo (1 Co. 12:13), el cual está unido a Cristo en el único Espíritu (1 Co. 6:17). Al ser bautizados en tales aguas y en tal Espíritu, los creyentes en Cristo son regenerados y entran en el reino de Dios (Jn. 3:3, 5, y la nota 5), en la esfera de la vida divina y el gobierno divino, para vivir por la vida eterna de Dios en Su reino eterno.

  • Véase nota 8.

  • Galilea era llamada “Galilea de los gentiles” y era una región sin honra y, por ende, una región menospreciada (Jn. 7:52 véase la nota 15 de Mt. 4), y Nazaret era una ciudad menospreciada que estaba ubicada en aquella región despreciada (Jn. 1:46). El humilde Esclavo de Dios fue criado allí y ése era Su origen.

  • Como Esclavo de Dios, el Salvador-Esclavo también fue bautizado, lo cual significa que estaba dispuesto a servir a Dios y que lo haría por medio de la muerte y la resurrección y no según la manera natural del hombre (véanse las notas 13 y 16 de Mt. 3). Tal bautismo era la iniciación de Su servicio.

  • La narración de Marcos acerca del Esclavo no refleja el esplendor de Su persona, sino la diligencia de Su servicio. En la narración de Marcos, la palabra griega aquí traducida inmediatamente se usa cuarenta y dos veces (y en otros mss. del Evangelio de Marcos, cuarenta y tres veces).

  • El hecho de que los cielos se abrieran ante el Salvador-Esclavo significa que la ofrenda voluntaria de Sí mismo como Esclavo para Dios fue bien recibida por Dios. El descenso del Espíritu como paloma sobre Él significa que Dios lo ungió con el Espíritu para el servicio que le iba a rendir (Lc. 4:18-19).

  • Véase la nota 16 de Mt. 3.

  • Algunos mss. dicen: y permanecer sobre Él.

  • Véase la nota 17 de Mt. 3.

  • Lo primero que el Espíritu hizo con el Esclavo de Dios después de que Dios lo aceptó y lo ungió fue lanzarlo al desierto para poner a prueba Su integridad.

  • Un tiempo de pruebas y sufrimiento (Dt. 9:9, 18; 1 R. 19:8).

  • Satanás, el enemigo de Dios, fue usado para examinar y probar al Esclavo de Dios. Los animales de la tierra, en un sentido negativo, y los ángeles del cielo, en un sentido positivo, también fueron usados para esta prueba.

  • El encarcelamiento de Juan era señal del rechazo del evangelio, especialmente en la región ilustre. Así que, el Salvador-Esclavo dejó esa región y volvió a la región menospreciada para llevar a cabo Su servicio evangélico. Véanse las notas 12 y 15 de Mt. 4.

    El servicio evangélico se inició en Judea, la región ilustre, con el ministerio de quien fue precursor del Salvador-Esclavo (vs. 1-11); pero continuó en Galilea, la región despreciada, con el ministerio del Salvador-Esclavo por un período de unos tres años (v. 14—9:50). En contraste con el relato del Evangelio de Juan (Jn. 1:29-42; 2:13—3:36; 5:1-47; 7:10—11:57), Marcos no incluyó nada del ministerio del Salvador-Esclavo en Jerusalén y en Judea durante ese tiempo. Marcos sólo escribió acerca de la última vez que el Señor salió de Galilea para ir a Jerusalén (10:1) a realizar Su obra redentora. Entonces el servicio evangélico continuó con Su ministerio camino a Jerusalén, en Jerusalén y sus alrededores (10:1—14:42) y fue concluido con Su muerte redentora, Su resurrección que imparte vida y Su ascensión para exaltación. Luego, como parte de esta conclusión, los discípulos continuaron este servicio evangélico predicando el evangelio a toda la creación (14:43—16:20).

  • La proclamación del Salvador-Esclavo tenía como fin anunciar las buenas nuevas de Dios a las personas miserables que estaban en cautiverio; el propósito de Su enseñanza (vs. 21-22) era iluminar con la luz divina de la verdad a los ignorantes, los cuales estaban en tinieblas. Su proclamación supone una enseñanza, y Su enseñanza implica una proclamación (Mt. 4:23). Esto fue lo primero que Él hizo en Su ministerio, y también era la estructura total de Su servicio evangélico (vs. 38-39; 3:14; 6:12; 14:9; 16:15, 20).

  • Algunos mss. insertan: del reino. El evangelio de Jesucristo (v. 1) es el evangelio de Dios (Ro. 1:1) y el evangelio del reino de Dios (cfr. Mt. 4:23).

  • El reino de Dios es el gobierno, el reinado, de Dios con todas las bendiciones y el disfrute correspondiente. Es la meta del evangelio de Dios y de Jesucristo (véanse las notas 3 y 26 del cap. 4). Para entrar en este reino, la gente debe arrepentirse de sus pecados y creer en el evangelio para que sus pecados sean perdonados y para que Dios los regenere impartiéndoles la vida divina, la cual corresponde a la naturaleza divina de este reino (Jn. 3:3, 5). Todos los que creen en Cristo pueden participar del reino en la era de la iglesia para disfrutar a Dios en la justicia, la paz y el gozo que tenemos en el Espíritu Santo (Ro. 14:17 ). Este reino llegará a ser el reino de Cristo y de Dios, y los creyentes vencedores lo heredarán y lo disfrutarán en la era del reino venidero (1 Co. 6:9-10; Gá. 5:21; Ef. 5:5) para reinar con Cristo por mil años (Ap. 20:4, 6). Luego, como el reino eterno, será la bendición eterna de la vida eterna de Dios, la cual todos Sus redimidos podrán disfrutar en el cielo nuevo y la tierra nueva por la eternidad (Ap. 21:1-4; 22:1-5, 14, 17). Era este reino de Dios el que se había acercado y al cual el evangelio del Salvador-Esclavo introduciría a los creyentes. Era con miras a este reino que el Salvador-Esclavo les decía a las personas que se arrepintieran y creyeran en el evangelio. Véanse las notas 3 de Jn. 3, 28 de He. 12 y 3 de Mt. 5.

  • La palabra griega significa cambiar de modo de pensar. Arrepentirse es tener tal cambio, sintiendo pesar por el pasado y tomando un nuevo camino para el futuro. Por un lado, arrepentirnos ante Dios es arrepentirnos no sólo de nuestros pecados y errores, sino también del mundo y su corrupción, los cuales usurpan y corrompen a los hombres que Dios creó para Sí mismo, y también es arrepentirnos de habernos olvidado de Dios. Por otro lado, es volvernos a Dios completamente y en todo aspecto para el cumplimiento del propósito que Él tenía al crear al hombre. Es un “arrepentimiento para con Dios”, y significa arrepentirse y convertirse a Dios (Hch. 20:21; 26:20). Véanse las notas 2 y 2 de Mt. 3.

  • El arrepentimiento se produce principalmente en la mente; la acción de creer sucede principalmente en el corazón (Ro. 10:9). Creer es unirse uno a las cosas en las cuales cree y recibirlas. Creer en el evangelio es creer principalmente en el Salvador-Esclavo (Hch. 16:31), y creer en Él es entrar en Él por la fe (Jn. 3:15-16) y recibirle (Jn. 1:12) para ser unido orgánicamente a Él. Tal fe (Gá. 3:22) en Cristo nos la da Dios por la palabra de la verdad del evangelio que escuchamos (Ro. 10:17; Ef. 1:13). Esta fe nos introduce en todas las bendiciones del evangelio (Gá. 3:14). Por lo tanto, es preciosa para nosotros (2 P. 1:1). El arrepentimiento debe preceder a esta fe preciosa. Véase la nota 16 del cap. 16.

  • Éste es el evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios (v. 1), el evangelio de Dios, y el evangelio del reino de Dios. Jesucristo, el Hijo de Dios, con todos los procesos por los cuales pasó (tales como la encarnación, la crucifixión, la resurrección y la ascensión) y Su obra redentora completa, es el contenido del evangelio (Ro. 1:2-4; Lc. 2:10-11; 1 Co. 15:1-4; 2 Ti. 2:8). Por consiguiente, el evangelio es de Jesucristo. El evangelio fue planeado, prometido y llevado a cabo por Dios (Ef. 1:8-9; Hch. 2:23; Ro. 1:2; 2 Co. 5:21; Hch. 3:15), y es el poder de Dios para salvación a todos los creyentes (Ro. 1:16) a fin de que sean reconciliados con Dios (2 Co. 5:19) y regenerados por Él (1 P. 1:3) para ser Sus hijos (Jn. 1:12-13; Ro. 8:16) y disfrutar de todas Sus riquezas y bendiciones como herencia (Ef. 1:14). Por lo tanto, es el evangelio de Dios. Este evangelio introduce a los creyentes en la esfera del gobierno divino para que participen de las bendiciones de la vida divina en el reino divino (1 Ts. 2:12). Por consiguiente, también es el evangelio del reino de Dios. Por eso, su contenido entero es el mismo contenido del Nuevo Testamento con todos sus legados. Cuando creemos en este evangelio, heredamos al Dios Triuno con Su redención, Su salvación y Su vida divina y las riquezas de la misma como nuestra porción eterna.

  • Véase la nota 18 de Mt. 4.

  • Véase la nota 18 de Mt. 4.

  • Se refiere a una red en forma de arco.

  • Véase la nota 20 de Mt. 4.

  • Véase la nota 21 de Mt. 4.

  • Véase la nota 22 de Mt. 4.

  • Una sinagoga es un lugar de reunión donde los judíos leen y aprenden las Santas Escrituras (Lc. 4:16-17; Hch. 13:14-15).

  • Puesto que el hombre cayó en pecado, la comunión que tenía con Dios fue quebrantada, lo cual dio por resultado que los hombres no tuviesen el conocimiento de Dios. Tal ignorancia primeramente produjo las tinieblas y luego la muerte. El Salvador-Esclavo, quien es la luz del mundo (Jn. 8:12; 9:5), vino como una gran luz para Galilea, tierra de tinieblas, a fin de alumbrar al pueblo asentado en sombra de muerte (Mt. 4:12-16). Su enseñanza liberó la palabra de luz para alumbrar a los que estaban en la oscuridad de la muerte, a fin de que recibieran la luz de vida (Jn. 1:4). Lo segundo que hizo el Esclavo de Dios al rendir Su servicio a los hombres caídos como Salvador-Esclavo fue llevar a cabo tal enseñanza (2:13; 4:1; 6:2, 6, 30, 34; 10:1; 11:17; 12:35; 14:49) para hacer que el pueblo saliera de las tinieblas satánicas y entrara en la luz divina (Hch. 26:18).

  • Los que se habían autodesignado escribas, quienes enseñaban vano conocimiento por sí mismos, no tenían autoridad ni poder; sin embargo, este Esclavo autorizado por Dios, quien por medio de Dios enseñaba realidades, no sólo poseía el poder espiritual para subyugar al pueblo, sino también la autoridad divina para someterlos al reinado divino.

  • No un ángel caído sino un demonio (vs. 32, 34, 39; Lc. 4:33), un espíritu incorpóreo de uno de los seres vivientes que existieron en la era preadamítica y que fueron juzgados por Dios cuando se unieron a la rebelión de Satanás (véase Estudio-vida de Génesis, mensaje 2). Los ángeles caídos trabajan con Satanás en el aire (Ef. 2:2; 6:11-12), y los espíritus inmundos, los demonios, se mueven con él en la tierra. Ambos operan en el hombre de modo maligno a favor del reino de Satanás. El hecho de que los demonios posean a las personas significa que Satanás usurpa al hombre, a quien Dios creó para Su propósito. Como parte de Su servicio a Dios, la tercera cosa realizada por el Salvador-Esclavo —quien había venido para destruir las obras de Satanás (1 Jn. 3:8)— fue expulsar a esos demonios de las personas poseídas (vs. 34, 39; 3:15; 6:7, 13; 16:17) para que éstas fueran libertadas de la esclavitud de Satanás (Lc. 13:16), de la autoridad de tinieblas de Satanás (Hch. 26:18; Col. 1:13), y fueran puestas en el reino de Dios (v. 15). En este evangelio constan cinco casos que nos muestran esto (vs. 23-27; 5:2-20; 7:25-30; 9:17-27; 16:9).

  • Lit., ¿Qué a nosotros y a Ti? (modismo hebreo).

  • No fue el poder sino la autoridad lo que echó fuera al demonio. El Salvador-Esclavo tenía la autoridad divina para Su servicio no sólo para enseñar (v. 22), sino también para echar fuera demonios.

  • Esto puede referirse al mal genio desenfrenado, el cual es anormal y desmesurado.

  • La enfermedad resulta del pecado y es una señal de la condición anormal del hombre delante de Dios debido al pecado. La cuarta cosa que hizo el Salvador-Esclavo para rescatar a los pecadores, como parte de Su servicio evangélico, fue sanar física y espiritualmente su condición enferma y restaurarlos a la normalidad (v. 34; 3:10; 6:5, 13, 56) para que le sirvieran a Él. En este evangelio se narran nueve casos que son ejemplos de tal curación (vs. 30-31, 40-45; 2:3-12; 3:1-5; 5:22-43; 7:32-37; 8:22-26; 10:46-52).

  • Primero fue sanada, luego sirvió.

  • Véase la nota 31.

  • Véase la nota 23. Así también en el v. 39.

  • Algunos mss. dicen: sabían que Él era el Cristo.

  • Para tener comunión con Dios, buscando la voluntad y el beneplácito de Dios para Su servicio evangélico. El Salvador-Esclavo no desempeñó el servicio evangélico solo, independientemente de Dios y conforme a Su propia voluntad, sino conforme a la voluntad y al beneplácito de Dios, siendo uno con Dios para cumplir Su propósito (véase la nota 38).

  • Véase la nota 14.

  • Como Esclavo de Dios, el Salvador-Esclavo sirvió a Dios en Su evangelio no para llevar a cabo Su propia voluntad ni lo que proponía la gente, sino la voluntad de Dios, quien lo había enviado (Jn. 6:38; 4:34).

  • Un leproso representa un pecador típico. La lepra es la enfermedad que más contamina y daña, mucho más grave que una fiebre (v. 30), y hace que su víctima sea aislada de Dios y de los hombres (véanse las notas 2 y 3 de Mt. 8). Limpiar al leproso indica restaurar el pecador a la comunión con Dios y con los hombres. Ésta fue la parte culminante del servicio evangélico del Salvador-Esclavo, según consta en este capítulo.

    El servicio evangélico que el Salvador-Esclavo rinde a Dios incluye (1) predicar (vs. 14-15, 38-39 ) para anunciar las buenas nuevas al pueblo miserable que estaba esclavizado; (2) enseñar (vs. 21-22) para iluminar con la luz divina de la verdad a los ignorantes, los cuales estaban en tinieblas; (3) echar fuera demonios (vs. 25-26) para acabar con la usurpación del hombre por Satanás; (4) sanar al hombre de su enfermedad (vs. 30-31) para que éste sirva al Salvador-Esclavo y (5) limpiar al leproso (vs. 41-42) para restaurar el pecador a la comunión con Dios y con los hombres. ¡Qué obra tan maravillosa y excelente!

  • La compasión y buena voluntad del Salvador-Esclavo, las cuales provenían de Su amor, eran queridas y preciosas para el leproso desahuciado.

  • Con esto mostró Su comprensión y cercanía para con el leproso miserable, a quien nadie se atrevía a tocar.

  • No sólo sano (véase la nota 31) sino también limpio. La lepra no sólo requiere sanidad como otras enfermedades sino que también, como el pecado (1 Jn. 1:7), requiere purificación debido a su naturaleza inmunda y contagiosa.

  • Este mandato, que según el relato del servicio evangélico del Salvador-Esclavo fue dado repetidas veces, nos llama la atención (5:43; 7:36; 9:9). Es afín a lo profetizado en Isaías (42:2) con respecto al carácter tranquilo del Señor. Él quería que Su obra se hiciera dentro de los límites de un mover que estaba en total conformidad con el propósito de Dios y que no era fomentado por el entusiasmo y la propaganda del hombre. Véase la nota 26 del cap. 8.

  • Lit., la palabra.

  • La actividad del hombre, la cual concuerda con el concepto natural, estorba el servicio del Salvador-Esclavo, el cual concuerda con el propósito de Dios.

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